Liber Gomorrhianus

20 Mayo, 2013 – Espiritualidad digital

Ducha de contrastes

    Siempre he sentido pena al leer este pasaje. Desciende Jesús del Tabor, donde  ha manifestado su gloria y ha gozado de intimidad con su Padre. Pedro, Santiago, Juan y Él vuelven radiantes, como Moisés del Sinaí. Hablan por el camino sobre Juan, y sobre Dios, y sobre el Amor divino. ¡Cuánta paz! Y, de repente, se encuentra el Señor con semejante algarabía: los nueve restantes discutiendo, el padre del niño gritando, los otros criticando, y el niño sin curar. ¡Se acabó! Es como ese momento en que vuelves de hacer ejercicios espirituales y constatas que el mundo sigue exactamente igual que cuando lo dejaste.

    ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Es muy consolador saber que Jesús padeció esa “ducha de contrastes”, y que sufría al pasar del calor del Amor del Padre a la frialdad de la incredulidad humana. Así, cuando, tras gustar las mieles de Dios en la oración, tenga que pasar al chorro de agua fría de la ingratitud y la mezquindad de los hombres, no me sentiré culpable si acuso el cambio de temperatura. Tan sólo quisiera tener la paciencia de Jesús, y no responder a la pregunta ¿hasta cuando? con un «¡Que os soporte vuestra abuela!».

(TOI07L)