Evangelio 2018

19 mayo, 2013 – Espiritualidad digital

La luz se vuelve fuego, y fuego que devora

    Hace cuarenta días, por la noche, nos reunimos a las puertas de la iglesia y una hoguera se encendió. El sacerdote la bendijo, y con su fuego se prendió el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado. El mismo fuego ardió en nuestras candelas, y con ellas entramos en el templo, que se llenó de luz. Desde entonces, hemos acudido al templo a gozar de esa claridad y a compartir el Cuerpo, la Sangre, y la vida misma de Cristo resucitado.

    Se nos han vuelto cenáculos los templos. Toda la luz sigue allí encerrada. Por eso hoy, cuarenta días después, un ruido del cielo, como de un viento recio, alborota las almas. El mismo fuego que entonces fue luz es ahora lengua que devora. Nadie enciende una lámpara y la pone debajo del celemín, sino sobre el candelero (Mt 5, 15). Y no encendió Dios de gracia nuestras almas para que las iglesias sean celemines donde la luz es propiedad de unos pocos. Hoy se rompen las puertas de los templos, y los cristianos, enloquecidos de Amor, salen a incendiar el mundo. El rojo litúrgico de Pentecostés es el mismo de los apóstoles y de los mártires. ¿A qué esperas?

(PENTC)