Liber Gomorrhianus

18 Mayo, 2013 – Espiritualidad digital

El síndrome del ojo nervioso

    Simón tenía el síndrome del ojo nervioso. Sus ojos no paraban de moverse. Parecía un niño grabando vídeo con el móvil de papá: ¿has visto esas grabaciones en que la cámara sube y baja constantemente? Ahora ganan dinero con eso; lo llaman “cámara en mano”. Pero a mí me marea. Bueno, pues Simón era un “pato mareado”. Ya cuando se le concedió caminar sobre las aguas le empezaron a bailar los ojos y se le fueron, de Jesús, a las olas. Del mareo casi muere ahogado.

    Ahora Jesús le dice sígueme, y comienza a caminar detrás de Él, mirándole. Pero, de repente… Le entra el síndrome del ojo nervioso y se le da la vuelta la cabeza para ponerse mirando a Juan. Señor, y éste ¿qué?. Si Jesús hubiera nacido en Chamberí le habría respondido «¿qué… de qué?». Pero, como era nazareno, sólo le dijo: ¿a ti qué?

    Cuidado con el síndrome del ojo nervioso. Se te dispersa la atención en mil futilidades y acabas sepultado entre estupideces. Deja el móvil de papá, usa la Cruz del buen ladrón como trípode, y clava la mirada en Jesús. Lo que no se vea reflejado en Él, no vale la pena mirarlo.

(TP07S)