Evangelio 2018

16 mayo, 2013 – Espiritualidad digital

Cristo no se rasca

    Muchas personas, cuando sufren, se cierran sobre sí mismos como una pelota. Si te acercas, no te ven, porque sólo tienen ojos para sus dolores. Luego se quejan de que nadie les hace caso.

    Siempre me ha fascinado el crucifijo por lo contrario. Jesús, en su Pasión, extendió los brazos y se dejó rasgar el costado. Se abrió en lugar de cerrarse, para acoger en sus llagas a todo hombre que padece. Ni siquiera se rascó. Sus ojos no se dirigen a sus propias heridas, sino a Dios y a los hombres.

    Cuando Jesús pide a su Padre que todos sean uno, no quiere decir «que estén todo el día juntos en sus casas y en las parroquias», ni «que se encierren en ghettos llamados “ambientes católicos” para con contaminarse». El Cuerpo de Cristo, la Iglesia, donde todos somos uno en Él, quiere seguir abierto hacia la Humanidad pecadora. El lugar de un cristiano no está junto a sus hermanos; Cristo no se rasca. El lugar natural de un cristiano está junto a los pecadores, amándolos con ese mismo Amor con que él es amado, y que se llama Espíritu Santo. Que el amor que me tenías esté con ellos.

(TP07J)