Evangelio 2018

11 mayo, 2013 – Espiritualidad digital

El papá de mi amiguito

    Los fariseos tenían 248 preceptos y 365 prohibiciones. Lógicamente, había que aprendérselos todos, no fueras a meter la pata sin enterarte y acabaras tostándote en el Seol. Es que, cuando no hay amor, la ley es necesaria para hacer lo que conviene. Te tienen que decir desde fuera lo que no sale de dentro. Todo se vuelve terriblemente complicado.

    La santidad, sin embargo, es sencilla. Cuando recibes el Espíritu Santo, el corazón se enciende en amor divino. Lo primero que arde son los 248 preceptos y las 365 prohibiciones; ya no hacen falta. Lo segundo en arder es esa cara tan seria que se te puso mientras vigilabas tus pasos. Desde dentro brota una sonrisa hacia el sagrario que deja calcinado ese gesto de bobo. Y lo tercero en arder son los nudos y las complicaciones… Todo se vuelve muy sencillo: El Padre mismo os quiere porque vosotros me queréis. Yo quiero mucho a Jesús. El Papá de Jesús me quiere y entro en el Cielo como en mi casa. El Papá de Jesús es mi Papá. Todo lo que le pido me lo da. Y, como soy tan feliz, todo lo que le pido es más Jesús. ¡Tan sencillo!

(TP06S)