Evangelio 2018

1 mayo, 2013 – Espiritualidad digital

Trabajó “divinamente”

    Según los nazarenos, si te dedicas a la madera tienes que ser tonto; y si trabajas ocho horas al día, jamás harás un milagro. ¿Por qué? Porque eres un “pringao”. Y los “pringaos” no saben nada, y además no hacen milagros. ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? Para ser sabio y hacer cosas admirables tienes que ser más “contemplativo”: levantarte tarde, no dar un palo al agua, pasar el día recibiendo a gente ociosa… Y tener dinero para permitírtelo. Con semejante “sabiduría”, el mejor de los milagros debe ser la siesta. Y la mejor ciencia, la verborrea. No hacían más que hablar.

    José no. José hablaba poquito y amaba mucho. Para él, amar era dar la vida, y dar la vida era adelantarse al Dios que derramaría su sangre por los hombres y dejarse en un taller la piel por Dios. Hablaba con su cansancio, y era sabio en su alegría. ¿Dicen? ¡Que digan! Si el propio Dios trabaja en un taller, José trabajará “divinamente”. “Divinamente” fabricaría sillas quien enseñó a trabajar a Aquél que todo lo hizo bien (Mc 7, 37). Lo que nadie hace “divinamente” es perder el tiempo.

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