“Evangelio

Mayo 2013 – Espiritualidad digital

Mírate por dentro

visitation    En términos generales, cabría decir que la gran carencia del cristiano de nuestros días es la vida interior. Aunque el tipo de vida que llevamos no ayuda, el verdadero problema lo constituyen la soberbia y las riquezas. Lleno de sí mismo y de cosas, al cristiano burgués no le cabe Dios dentro. Pero como tampoco quiere renunciar a Dios, decide echárselo por encima, y cubrir su vida regalada con devociones. Todo queda fuera. Para que ese cristiano tuviese vida interior, tendría que vaciarse, y eso es lo que no está dispuesto a hacer. Por eso la alegría es la gran ausente en su vida.

    Si hubiera que escenificar la vida interior, habría que elegir la imagen que nos presenta la fiesta de hoy. Tanto María como Isabel están llenas de Dios por dentro, incluso corporalmente, pues la una lleva en su vientre al Mesías y la otra al Precursor. Pero, sobre todo, en su alma y en su vida no hay cabida para nada que no sea Dios. Eso es lo que hace que desborden una alegría que jamás encontrará en las cosas ni en el relax de la oración el cristiano burgués. ¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!

(3105)

Huelga de ojos caídos

bartimeo    Hace mucho que los ojos de Bartimeo fueron pasto de gusanos. Y no digo que no le hubiese valido la pena el berrinche; cuatro días son cuatro días, y mejor pasarlos viendo amanecer que rodeado de tinieblas. Aunque más nos aprovecha a nosotros su oración. Porque dejó claro que Jesús no desatiende la plegaria perseverante y humilde de quien pide con fe.

    En esto consiste lo que llamamos “guardar la vista”:

    ¡Maestro, que pueda ver! Imagina a un hombre tan locamente enamorado de Jesús que le duelan los ojos por no ver su divina faz. Imagina que a ese hombre ni los amaneceres ni las estrellas ni las aguas del mar le parecieran hermosas, en comparación con la belleza que anhela. Imagina que decidiese no fijar su mirada en nada ni en nadie de este mundo hasta poder contemplar a Jesús (como una “huelga de ojos caídos”). Imagina que día y noche, en su interior, repitiese la oración de Bartimeo… ¿Crees que Jesús se lo negará? Y cuando, postrado en la cama del hospital, escuche al sacerdote ¡Ánimo, levántate, que te llama! ¿No correrá al encuentro del Señor? Tu fe te ha curado. El milagro no será para cuatro días.

(TOI08J)

¿Qué tomará el señor para beber?

copa    Vivir y beber son casi lo mismo. Después de todo, la vida te la bebes. Deprisa o despacio, de un trago o a sorbos… No es igual beber la vida en una copa o en otra. La que te ofrece el Demonio es digna del mejor spot publicitario. Una copa de lujo, propia de un buen burgués: «Son cuatro días, disfruta. ¿Quieres más? Añádele unas gotas de religión y te prometo el Cielo»…  Lo que no te dice el publicista es que el dulzor del paladar se paga con ardor de alma, y que en el fondo de la copa no hay Cielo sino Infierno. ¡Vaya chasco!

    ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? La copa de Dios es amarga como una medicina. Jesús sudó sangre al beberla. Pero dejó en el borde la marca de sus labios, el mejor azúcar. Por eso, cuando tomamos su cáliz, el amargor es dulce; sabe a Cristo. Las tonalidades de este vino son: frío, hambre, sed, soledad, fracaso, ingratitud… No digo que no duela; digo que sabe a Cristo. Y que, tras beberlo, despliega en el alma la fragancia del Amor. Después, en el fondo de la Copa… Dios. Para siempre.

(TOI08X)

¡Y también dos huevos duros!

huevosduros    Que me lo expliquen: si alguien me promete cubrirme de oro, para inmediatamente añadir que me dejará en una isla desierta donde no podré gastarlo, me quedo con cara de haba. Y si el Señor promete a quien lo deje todo por Él darle en este tiempo cien veces más para añadir inmediatamente con persecuciones, como añadía Groucho Marx lo de «y también dos huevos duros», me quedo con ganas de decir que se podría haber ahorrado la última parte. ¿Para qué quiero tantas recompensas si me van a hacer la vida imposible persiguiéndome y no las podré disfrutar?

    El Evangelio es fascinante. Porque en ningún lugar asegura Jesús que a los suyos se les van a ahorrar los sufrimientos de esta vida. Al contrario, anuncia para sus discípulos la Cruz. Pero promete -¡y cumple!- en este tiempo (ahora, no tras la muerte) una Vida llena de gozo y riquezas espirituales capaz de volver dulce el mayor sufrimiento. Nadie disfruta más de la vida que el santo, porque sólo él goza incluso en el dolor. El balance es abrumador: vida eterna que es Amor aquí en la tierra, el Cielo tras la muerte para siempre… ¡Y también dos huevos duros!

(TOI08M)

Temblando de miedo ante Dios

miedo    Cuando se habla de “miedo a Dios”, la gente piensa en el temor al castigo de un Dios implacable, o el temblor ante la justicia divina. Sin embargo, ese miedo a Dios, sin ser lo más deseable, puede ser el principio de la sabiduría (cf. Pr 1, 7). A los ninivitas, por ejemplo, les salvó la vida (cf. Jon 3). Existe un miedo a Dios mucho más peligroso y nocivo, que lleva a la muerte más triste. Te diré cuál es:

    Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «una cosa te falta». Aquel joven bajó la mirada, porque, de haber mantenido sus ojos en los de Jesús, le hubiese acabado entregando cuanto poseía loco de amor por Él. Pero tuvo miedo al Amor de Dios, y prefirió seguir siendo piadoso sin atreverse a ser santo. Aprendió que un Dios que te mira con cariño te compromete demasiado, y parece recordarte que una cosa te falta. He ahí el verdadero miedo a Dios que lleva a la muerte pasando por la piedad, y que mantiene a muchos cristianos “a cierta distancia” de Jesús: el miedo a enamorarse del Dios que les ama, el miedo a ser santos. ¡Pobrecitos!

(TOI08L)

Es Dios sangrando Dios sobre los hombres

trinidad    Cuando dos personas se quieren, el uno ama al otro y el otro ama al uno, y en ese fluir suave del amor entre ambos se alumbra el gozo. Al amarse, se dan vida el uno al otro. Así son el Padre y el Hijo: todo lo que tiene el Padre es mío, dice Jesús. Y Él también al Padre: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu! (Lc 23, 46). Porque esa corriente de Amor y Vida es el Espíritu.

    Vino el Hijo a la Tierra para glorificar al Padre, y amando subió a la Cruz. Allí, un centurión le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua (Jn 19,34). En el fluir de Amor y Vida entre Padre e Hijo, semejante punción ocasionó un derrame, y el Espíritu se vertió sobre los hombres. Quien recibe esa sangre y esa agua en los sacramentos ingresa en la intimidad de las Divinas Personas. Él tomará de lo mío y os lo anunciará.

    Ahora, el Amor mana del Padre hacia el Hijo, y del Hijo hacia mí. Vuelve luego de mí al Hijo, y desde el Hijo retorna al Padre, que es mi Padre. He sido divinizado.

(SSTRC)

Entre niños anda el juego

sassoferrato    Cuando eres niño sueñas con hacerte mayor. Pero luego, cuando eres mayor, te das cuenta de que te habías equivocado de sueño. No tuviste en cuenta que el mayor se hace viejo y el viejo se muere. Al desear hacerte mayor, diste el primer paso en una pendiente muy resbaladiza que desemboca en un abismo.

    Quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en el. Anda, toma la mano de Jesús y vuelve arriba. “Descrece”, por favor. Ya has visto para lo que sirves cuando quieres buscarte la vida. Vuelve a la dependencia del niño, que no sabe hacer nada sin papá ni mamá. No sepas acostarte sin rezar, ni decidir nada sin pedir ayuda Dios. No sepas vivir sin el alimento de la Eucaristía, y volverás a ser niño. Y, créeme, no se trata sólo de no morirse; se trata de ser amado. Porque sólo el niño sabe dejarse amar sin angustiarse porque nada puede dar a cambio. Sólo al niño el amor le hace descansar y despreocuparse sabiendo que está en buenas manos, y que lo único que tiene que hacer es confiar.

    Anda, vuelve a decir “papá” cuando hables con Dios… Y disfruta.

(TOI07S)

Una sola carne… ¿Pero cuál?

dormitorio    ¿Tiene mérito no divorciarse? El mismo que no matar al vecino, no robar mecheros en Mercadona, o no blasfemar. El mérito de “no pecar” es bastante discutible. Para empezar, mérito, lo que se dice mérito, lo tiene Cristo. Y, entre los casados, lo bueno es acogerse a Él y ser lo que son desde el día de la boda: una sola carne.

    Claro que algunos, al escuchar una sola carne, rápidamente dicen: «¡Sí! ¡La mía!», y viven en el matrimonio como vivían antes de casarse: sirviendo a su egoísmo. La diferencia es que, ahora, quieren que el cónyuge esté también al servicio de la única carne que realmente les importa: la suya.

    Para que dos personas se hagan una sola carne es necesario que se rompan las dos y dejen que el Espíritu Santo las ensamble. Si sólo se rompe una, tenemos un mártir; si no se rompe ninguna, tenemos dos solteros viviendo juntos; si se dedican a romperse el uno al otro, tenemos un divorcio; y si no dejan entrar al Espíritu Santo porque no rezan, tenemos un fichaje con cláusula de rescisión. Sólo cuando la Cruz se convierte en tálamo nupcial y escuela de Amor tenemos un matrimonio.

(TOI07V)

El sacerdote es Cristo crucificado

sacerdote    El sacerdote es Cristo crucificado. Todo él está ofrecido al Padre y clavado al altar. Cuando dice «podéis ir en paz», él se queda, porque el sacerdote es una misa comenzada y eterna.. Para un pobre hombre esto es humillante y sobrecogedor. Podría morir de Amor.

    Conoce grandes amores, porque los amores de Cristo habitan en su pecho. Conoce grandes dolores, porque los dolores de Cristo taladran el suyo. Sabe de ingratitudes, porque las afrentas con que te afrentan –le dice a Cristo- cayeron sobre mí (Sal 68,10). Sabe del Cielo, porque vive en la llaga del Costado. Alaba con júbilo y llora a solas, aunque nunca está solo.

    Ten cuidado con cómo tratas al sacerdote, porque es más amigo de Cristo de lo que lo era Moisés de Dios. Aunque sus pecados sean públicos, ten cuidado con lo que dices de él; recuerda a Aarón y a María (cf. Núm, 12). El Señor le pedirá cuentas, pero tú ten cuidado; el celo de Cristo por sus sacerdotes es terrible. Los ama con Pasión. Como trates al sacerdote tratas al crucifijo. Como recibas al sacerdote recibes al crucifijo. Como obedezcas al sacerdote obedeces al crucifijo. Porque él es un crucifijo.

(XTOSES)

Uno de los nuestros

unodelosnuestros    Nada tienen que ver los chalets que proliferan en las afueras de nuestras ciudades con las chozas de las civilizaciones antiguas. Y no me refiero a las comodidades, sino a las tapias y setos. Cuando la gente vivía en tribus, de la choza propia a la del vecino había un paso. Ahora hay que escalar y llaman a la policía. O llamar al timbre y que te ladre el perro de los Baskerville. Antes «los nuestros» eran multitud. Ahora son los cuatro de casa y el de los Baskerville.

    Se lo hemos querido impedir porque no es de los nuestros. ¡Si Juan hubiera sabido que, muy pronto, los nuestros serían multitudes! Hoy tenemos muchos “Juanes”: «Yo educo cristianamente a mis hijos. Si el vecino no va a misa y quiere irse al Infierno… ¡Allá él! No me he construido un chalet para tomar café con el prójimo, sino para que no me moleste. No es de los nuestros». Les gusta el Cielo porque Jesús dijo que allí hay muchas moradas (Jn 14, 2). Pero ni allí ni en el Infierno hay tapias. ¡Vaya sorpresa cuando se encuentren con el vecino en uno de los dos sitios! (no diré en cuál).

(TOI07X)