Liber Gomorrhianus

29 Abril, 2013 – Espiritualidad digital

Difícil, pero sencillo, muy sencillo…

    Hay quien piensa que logrará alcanzar a Dios cuando se haya devanado los sesos del todo; o cuando haya leído más de mil doscientos libros; o cuando haya encontrado la postura corporal perfecta en la oración; o cuando haya logrado resolver el silogismo de cuarto grado con dieciocho premisas; o cuando haya conseguido multiplicarse hasta alcanzar la trilocación; o cuando llegue a hablar de manera tan enrevesada que nadie le entienda… Algunos, cuando vienen a confesar, parece incluso que quieren darle al sacerdote una clase de teología; otros casi se confiesan en verso, intentando hacer hermosa la basura. Es agotador.

    Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los sencillos. Estas breves “homilías para tontos” quieren hacerte llegar ese mensaje: la santidad es difícil, pero no complicada. Tiene la dificultad de lo sencillo para quienes nos hemos complicado la vida. La santidad es tan sencilla como una mirada embelesada a un crucifijo, como un “te quiero” apasionado a Jesús, como un “no te marches, que me muero”, como comer todos los días, y no saber pasar uno sin comulgar… Ya está. Incluso los tontos comemos y nos enamoramos.

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