Liber Gomorrhianus

26 Abril, 2013 – Espiritualidad digital

Apaga la luz para que brille

    “Gloria” es brillo; la “gloria de Dios” es el brillo de Dios. Se pega a la cara, como a la luna los rayos del sol. Cuando Moisés hablaba con Dios, su rostro resplandecía con gloria prestada. Jesús llama a sus discípulos luz del mundo porque quiere seguir brillando en ellos e iluminando las sombras. El cristiano, que en la oración habla cara a cara con Jesús por la fe, debe llevar en su vida el brillo de Cristo. Y así, iluminado por Dios, acercarse a derramar luz sobre quienes no creen.

    Hay muchos afanados en mostrar sus buenas obras. Lucen con luz propia, normalmente de bajo consumo. No quieren iluminar; quieren deslumbrar. Pero Jesús no dijo que vean vuestras buenas obras “y pongan vuestro nombre a una calle”, sino que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre. Es distinto. Prefiere que nos apaguemos para bañarnos en su luz, y que quienes nos vean también resplandezcan, glorifiquen a Dios. Su gloria es de ida y vuelta; Él nos ilumina, y nosotros brillamos para Él, no para el mundo. En este recibir y dar de Dios a los demás y de los demás a Dios… ¡Cuánto se alegra el alma!

(2604)