Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

25 Abril, 2013 – Espiritualidad digital

¡Menuda panda de abstemios!

    San Marcos –a quien celebramos hoy- nos dice que los Once, tras ver subir a Jesús al Cielo, se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes. Lo mismo les sucedió a los pastores cuando vieron al Dios niño, y a la mujer samaritana cuando encontró al Mesías, y al leproso que quedó curado. Es consecuencia natural de la alegría: te quema el alma, necesitas compartirla. Si es muy intensa, incluso te vuelves loco, pareces borracho. ¿No pensaron eso de los apóstoles en Pentecostés?

    A veces se entera uno de los goles por los gritos de los vecinos. Aunque, en ese caso, no sabes si la borrachera es producto de la alegría o viceversa.

    ¿Qué nos ha sucedido a los cristianos? «¡Ay, padre, el apostolado me cuesta mucho!». Dan ganas de responder: «pues mejor no lo hagas, porque nos vas a dejar mal a todos». Te diré lo que no nos ha sucedido: no hemos dejado a Jesús revolucionar nuestras vidas. Nos hemos protegido para que Dios no nos quite nada y nos hemos inmunizado contra la alegría de la salvación. Jesús ya no es vino para nosotros; no nos vuelve locos. Lo hemos convertido en tila alpina. ¡Pobre Jesús!

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