Evangelio 2018

23 abril, 2013 – Espiritualidad digital

Pastor y pasto a la vez

    Hace poco, Jesús decía: El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día (Jn 6, 54). Por su orden: primero –ayer lo escuchamos- el Buen Pastor saca a sus ovejas del redil del pecado y de la muerte a través de la puerta. La puerta es la Cruz. Después -¿recuerdas?- camina delante de ellas (Jn 10, 4). Es un camino a través del desierto de esta vida, hacia las verdes praderas de su Reino. Allí llegaremos el último día, y el Buen Pastor nos resucitará como resucitó Él.

    Pero, entre tanto, mientras marchamos en pos de sus huellas por esta vida mortal, para que no desfallezcamos en el camino, el Pastor nos alimenta haciéndose para nosotros pasto. Yo les doy la vida eterna. Su Cuerpo nos es dado en alimento, y en Él gustamos vida eterna. ¡Bendita Eucaristía, pasto de Dios! Comulgando a diario la vida se hace corta, porque cada comunión deleita el alma haciéndola pregustar el Cielo, y aumenta el deseo de llegar a esas verdes praderas del Reino de Dios. Quien comulga bien, ya no quiere detenerse en el camino. ¿A quién le interesan los cactus?

(TP04M)